El perdón es un acto de amor. Al perdonar, dejo ir energía negativa y abro el camino para que algo positivo suceda. Si me siento agraviado o enojado, dejo ir el impulso de juzgar. Me esfuerzo para que las líneas de comunicación se mantengan abiertas y la comprensión fluya libremente. Las relaciones personales con familiares, amigos y colegas florecen cuando actúo con compasión y perdono. Me relaciono con los demás de maneras armoniosas. Mantengo la misma actitud de perdón hacia mí mismo. Si me he equivocado, aprendo de ello y sigo adelante. Tomo del manantial de amor de Dios en mí para dar y recibir perdón.
Fuente: La Palabra Diaria
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